
Las horas de vuelo en el póker son, como sucede en muchos otros órdenes de la vida, insustituibles.
“El mejor consejo que puedo darles a los players aspirantes -agrega Cliff Josephy, alias Johnny Bax en Internet- es: JUGAR, JUGAR, JUGAR; después de eso, jugar un poco más”.
No hay sustituto que reemplace a la práctica. El único motivo por el que no fue colocado en primer lugar es que la práctica es un factor concedido de antemano. Se supone que todos quieren jugar y jugar.
No hay otra. Incluso, existen infinidad de players buenos cuyo único bagaje y escuela de formación es la experiencia. Si son lo suficientemente avispados, van a encontrar sus propias y válidas respuestas. Es, no obstante, un camino muy ingrato para recorrer en soledad.
“La experiencia es un peine que te dan cuando te quedás pelado”. Pelado es la palabra perfecta. Quien pretenda superarse exclusivamente a través de la práctica se expone a ese peligro: al de que su cuenta quede pelada.
4. Afán de superación
Circunscribir las probabilidades de crecer en el juego a los logros obtenidos a través de la experiencia tiene sus pro y sus contra. La ventaja principal es que lo que se graba de ese modo deja una marca indeleble que, si fuera intensa, difícilmente se olvide. Lamentablemente, las contras son numerosas. Para empezar, está la cuestión del tiempo. Si todo lo que hay que aprender en el póker tuviera que pasar previamente por el tamiz de la experiencia, el tiempo requerido sería insoportablemente excesivo.
El póker puede ser un juego muy ingrato para los que no lo dominen; o lo que es peor, para aquellos que creen conocer sus secretos, cuando lo que en realidad poseen es una combinación despareja de aciertos y errores elaborados sobre la base de esfuerzo personal. Una de las aristas más afiladas de esa ingratitud es lo oneroso de ese recorrido: cada error tendrá un precio que habrá que pagar.
La agresividad es un rasgo tan fundamental, que difícilmente se topen con un jugador de élite que no la posea. Es más peligroso un jugador que entra mandando que otro que lo hace viendo. Es más peligroso un jugador que responde a las apuestas rivales con revires que otro que vuelve a ver. Claro que hay que saber canalizar toda esa energía. No es cuestión de andar por ahí dando manotazos en el aire. La agresividad es el músculo, la fuerza que da vida a toda la maquinaria que se pondrá en movimiento en el momento preciso,
2. Rigor en la selección de barajas de ingreso
El buen jugador escoge con sumo cuidado las barajas con las que va a participar. El sistema de selección por el que vinimos bregando es el de ser ajustados. No sólo es el mejor, sino que también el más recomendable, sobre todo para principiantes y players intermedios.
La selección depende de dos criterios esenciales: el valor en sí de las barajas y desde qué posición se las recibe.
Pero no son los únicos. Hay otros criterios de selección. Sin que la lista pretenda ser exhaustiva, podemos señalar los siguientes:
En síntesis, para ser un ganador en el póker hay que jugar ajustado.
Es cierto que todos tienden a soltarse cuando les va repetidamente bien.
Lo más probable es que estas victorias sean producto de las fluctuaciones características del corto plazo. Por lo tanto, en la inmensa mayoría de los casos, hay que volver al juego original. Son muy pocos los que pueden incorporar un exceso de manos de ingreso al juego que no sólo no bajen las ganancias, sino que las eleven.
Mi amigo Alex Green me lo explicó de un modo como jamás lo había oído antes. Me dijo: hay que tratar al portfolio como a un jardín de rosas… limpiando la maleza, para permitir que las rosas florezcan a pleno. Lamentablemente, la mayoría de los inversionistas no proceden así.
No limpian la maleza. Por lo tanto, a lo sumo, obtienen beneficios mínimos.
Cuando llega el momento de hacer lo correcto, es difícil. Uno se sien te mal. Es mucho más fácil persistir y aguantar el peso que cargan las posiciones débiles. Pero la manera correcta de hacer dinero en tus in versiones es la de tener !a firme voluntad de cortar las pérdidas cuando son pequeñas, y dejar a tus ganadoras florecer a pleno”.
Abrimos el diálogo en este libro argumentando que el póker es un juego cuyos resultados dependen, en el largo plazo, de la habilidad y no de la suerte. También afirmamos que la habilidad consiste en saber tomar las decisiones más acertadas. No las acertadas a secas, porque el póker es un juego de tal complejidad que resultará suficiente con cometer me nos errores que los demás para ganar.
Y de eso se trata todo: el objetivo del póker es ganar. No obstante, no se especificaron cuáles eran las decisiones que los convertirían en ganadores. Llegar a ellas fue un camino que transitamos a lo largo del libro y que nos condujo, finalmente, a este punto. Es momento de resumir y condensar en un puñado de normas básicas que sean representativas del espíritu del buen jugador.
Este decálogo no apunta a convertirlos en players de clase mundial. Está destinado a señalarles el camino que los lleve a ser ganadores, que no es lo mismo. Eso sí, todos los grandes fueron primero e indefectiblemente buenos players.
Algunos ejemplos de conspiración serían: “Ya gané demasiado, ahora me castiga y me hace perder”, “El programa (que reparte las barajas y crea azar para el sitio de Internet) favorece al que tiene menos fichas o al peor”
Ejemplos de destino: “El programa tiende a favorecer a los que van a color”. “Cuando tengas pareja de ases, vas a ganar si es el principio de un torneo, pero perder si es la etapa final”. “Los sietes siempre ganan”.
Una vez que se está al tanto de la falacia de estas argumentaciones, se puede descargar tensiones recurriendo a las cábalas. Las cábalas son subterfugios que se usan para mantener a raya la voluntad innata de ver intenciones donde no las hay. Al instinto no lo satisface plenamente la razón lógica, entonces busca otras vías de desahogo. Todos tenemos cábalas y es indiferente, por inocuo, ceder ante ellas o resistirse.
Nueva perspectiva. Mantengan a raya la mística es preferible darle rienda suelta a las cábalas.
Estándares bajos
Los estándares de juego son aquellos que utiliza cada jugador como referencia para participar o seguir en un pase. Es imposible abarcar todas las situaciones, pero no hay nada de malo en tener un determinado estándar de juego para algunos escenarios típicos que serán decididos de antemano. Verbigracia, no ver con menos de AA un jugado pre flor en la etapa inicial de un torneo es un estándar altísimo. Que ese límite descienda a un par de diez, es más bien bajo. Pueden ser valorados en cualquier circunstancia: a la hora de entrar, defender o en cualquier modalidad de apuestas. No obstante, las dos instancias típicas para medirlos son en relación con:
1. Las condiciones que se eligen para entrar.
2. Jerarquía de juegos. Sobre todo cuando toca defender o aceptar un envite.
Todos los players poseen estándares. Deberían ser conscientes del propio y estar atentos al de los demás.
El concepto de estándar es más abarcador que el de ajustado o suelto, porque no se limita a la apertura sino a todas las rondas de apuestas.
No hay que olvidar que el punto de referencia en cuanto a que es un estándar alto o bajo son los propios. No está mal esa carga de subjetividad, pero es mejor si se incorpora al análisis los modelos que promedian o predominan en la mesa. Es decir, cuáles son los estándares de ese jugador con respecto al nuestro y al de los demás.
Nueva perspectiva. Sean exigentes, de estándares altos.
Incongruencias
Sin excepción, todos los defectos encierran algún tipo de incongruencia. No obstante, a la que se hace referencia aquí es a la de emplear una estrategia con un planteo lógico y luego no respetarlo.
Si eligen un limp para el par de ases que recibieron en posición temprana, tendrán que estar dispuestos a largarlos si ven el flop acompañados de varios players.
Si eligen entrar a un pase con CyC de baja denominación y meten el color tendrán que estar dispuestos a jugarlos a pulso firme y resistir la tentación de abandonar o sobreapostarlos bajo la única excusa de que alguien puede tener el color, pero mayor.
¿Para qué entraron con ellos, entonces, en primer lugar?
Nueva perspectiva, Tengan respuestas previas a las posibles derivaciones de las acciones que van a emprender. En frío, es más fácil deducir la ilación lógica de una maniobra.
Lo anterior se aplica preferentemente al efectivo Mientras tanto en los torneos, las fichas que se ganan valen menos que las que se pierden, por el simple hecho de que en los torneos, es más importante -dentro de ciertos limites- no perder que ganar. Verbigracia si en un torneo con una pila de fichas de $5 000 se pierde la mitad (50%) el stack baja a $2.500. Ahora, para volver a $5.000, hay que arriesgar todas las fichas, no solamente el 50%.
Nueva perspectiva. Al final de una sesión repitan la siguiente rutina: ¿cuánto más hubieran ganado -o cuanto menos perdido- si no hubieran visto esas manos en las que vieron y sabían que perdían?
Maniobrar las barajas
Un jugador que en una noche negra, sea porque no ha ligado nada o porque le ha tocado perder feo en varias ocasiones, se dice “es hora de Si se tratara solamente de una cuestión atinente a la fe, no habría dificultades. Pero el asunto se torna problemático cuando se condicionan las estrategias de juego a determinadas creencias, fundadas en que existen tendencias previamente establecidas por mecanismos oscuros o inexplicables. No son otra cosa que las rachas, ya sean positivas o negativas. Mancomunada a ella, está la creencia en el destino y la infaltable teoría de la conspiración. Esta enuncia que: ‘Todo en este mundo está prepara do”.
Desde ya que se saca a relucir a la hora de perder. Lo más divertido sucede cuando algún jugador la enuncia cuando, casualmente, los que ganamos somos nosotros, ¡qué mundo perfecto sería este, si ese sitio conspirara en favor nuestro!
Las dos diferencias con el destino son que en este caso, el que decide no es un ser humano o alguna institución controlada por ellos. Además, el destino está concebido de antemano, pero sin intentar favorecer a nadie en particular.