
Patricio era bisexual y desde jovencito había fantaseado con compartir la cama con otro hombre. En su adolescencia se la pasaba viendo videos gays en internet o alquilándolos en un videoclub oculto en un barrio marginal de su ciudad. Los videos gays que veía le fascinaban, aunque nunca, hasta ese momento había experimentado algo real.
Hacía algunos meses atrás había conocido a Francisco por un sitio de contactos gays, un contador cuya oficina estaba a pocas cuadras de la casa de Patricio. Ambos eran muy reservados y después de interiorizarse un poco sobre la vida del otro decidieron encontrarse para pasar un buen rato.
Eran las 10 de la noche cuando Patricio tocó el timbre. Se sentía protagonizando uno de esos videos gays que veía casi diez años atrás. Francisco le abrió la puerta y amablemente pasaron la primera media hora de su encuentro bromeando y hablando banalidades.
El oficinista dio el primer paso, arrinconándolo contra una ventana después de apagar la luz. Sin dudas era una de las escenas de los videos gays que Patricio estaba viviendo.
Se desnudaron y ambos se tumbaron sobre un sillón. A Patricio parecía que se le iba a salir el corazón de lo fuerte que le latía. Estaba tan caliente que acabó mientras Francisco lo masturbaba. Sin embargo, no dieron por terminada la sesión, sino que avanzaron y casi sin esfuerzo por ser la primera vez, Francisco penetró a Patricio. Rotaron de posiciones entre gritos de placer e intercambiaron sus roles. Nunca se había sentido tan a gusto de penetrar a Francisco, ya que su apretado ano hacía volar a Patricio.
Al finalizar, ambos se despidieron, sin decir mucho. Cada tanto, Patricio pasa por en frente de la oficina de Francisco y recuerda qué bien la pasaron, aunque no volvieron a repetirlo.

Esa noche se conectaron casi en simultáneo al mensajero con el que hablaban a diario. Darío, de 19 años le había preparado una sorpresa especial a su amigo. Después de que la noche anterior se habían pasado algunos enlaces de videos gays a él se le había ocurrido sacarse algunas fotos calientes para pasárselas y excitarlo como todas las noches.
Javier tenía 22 años, morocho con ojos verdes y bien masculino. Había estado trabajando todo el día pensando en las sesiones de sexo virtual que estaban teniendo con Darío. Cada noche compartían juntos, aunque a la distancia, escenas de videos gays con las que se masturbaban pensando en cumplirlas uno con otro.
La distancia que los separaba no evitaba que ambos se sintieran atraídos mutuamente. Todas las noches se imaginaban pasándola bien en un momento sexual digno de videos gays de la mejor calidad.
Después de los saludos de rutina, ambos activaron sus cámaras. Darío lo esperaba con muy poca ropa y en seguida Javier quiso que se la sacara. A los dos le encantaba verse desnudos jugando con sus miembros y acariciando ciertas partes del cuerpo que al otro lo volvían loco, sobre todo cuando compartían uno de los videos gays cuyos protagonistas se penetran con vibradores.
Javier se sorprendió al ver que Darío le enviaba una foto sin decirle nada. Hacía mucho que querían estar juntos y los cientos de kilómetros que los separaban estaban retrasando esas sesiones de sexo y lujuria que recrearían cuando se vieran, superando los videos gays que a diario compartían.
Javier se masturbó con cada foto que Darío le pasaba hasta la última, gracias a la cual acabó. Darío no sabía que Javier le tenía una sorpresa. La semana venidera iría a visitarlo a su país.

Al fin llegaba el verano. Rodrigo estaba ansioso por recibir a su primo lejano, Mauro, que venía de visitas todos los años a su estancia. Mauro tenía 24 años, dos más que Rodrigo y acostumbraba a quedarse durante todo el verano en el campo de sus tíos ayudándoles y ganando algo de dinero. Pero el dinero no era la principal atracción, sino que Rodrigo era su debilidad. Con su cabello rubio ondulado y su cuerpo delgado pero firme, digno de protagonizar alguno de esos videos gays de actores porno centroeuropeos, Rodrigo cumplía año a año las fantasías acumuladas de Mauro.
Cuando se encontraron hicieron la fiesta de bienvenida, por supuesto, en privado. Rodrigo condujo a Mauro hasta su habitación y decidió mostrarle algunos videos gays que había descargado de internet. A Mauro le encantaba fantasear con que eran ellos los que recreaban las escenas. Esa noche, durmieron juntos, después de horas de sexo ardiente que descargó las ganas que tenían de sentirse, acariciarse y besarse.
A la noche siguiente, Mauro quiso ver otros videos gays, pero Rodrigo le mostró uno protagonizado por él mismo y por un muchacho del pueblo. Con la cámara casera apostada encima de unas cajas, se los veía a los jovencitos comerse las pollas sin delicadeza, acabando uno encima del otro. Por supuesto, esa era una de las partes de los videos gays que tenía guardados. A Mauro eso lo encendió y quiso ser el protagonista de una de sus películas, grabando todos los días una escena diferente, que si se hubiesen vendido, formarían parte de los videos gays más buscados en el mercado.
Desde esa noche, todas las noches ponían en práctica sus fantasías en frente de la cámara.