Hay quien dice que los que utilizamos la razón, el rigor, la observación y el análisis crítico para formarnos una opinión sobre las cosas (con todas sus consecuencias, por supuesto), somos escépticos, materialistas, que no tenemos en cuenta que hay “otras realidades” y un larguísimo etcétera. Es sorprendente que haya quien lo critique. En el fondo, casi sin pensarlo, estamos aplicando el método científico. Pues bien, es una forma de pensar y actuar que, una vez que se adquiere, ya no se cambia. Es más: con el tiempo empeora, y acabamos por no creer nada hasta que lo comprobamos nosotros mismos. Pero si queréis conocer ejemplos de este tipo razonamiento, lo mejor, sin duda, es leer a Carl Sagan. Los siguientes párrafos están sacados del libro que cito al final y que, por supuesto, recomiendo leer. Dichos párrafos están ligera y convenientemente modificados para la historia de hoy.
En primer lugar, gracias a los que me citáis en vuestros BlogDay, como Iñaki en sus Historias con Historia o en memes como Servidora. Sé que me dejo a otros que lo hacen y os lo agradezco. No soy amigo de seguir memes, pero no es que no lo haga por desprecio, sino porque, sinceramente, creo que poco os importa qué blog leo o dejo de leer. Cada uno tiene su propio estilo y sus propias preferencias. A Sevidora, precisamente, como profesora que es, va dedicado el libro que hoy quiero comentaros, aunque me da a mí que ya se lo ha leído.
Ya os he hablado de von Neumann en 1, 2, 3 y otros artículos y hoy os hablaré más de él. De niño bromeaba en griego clásico con su padre. Poseía una memoria fotográfica. Sus padres entretenían a sus invitados con demostraciones del pequeño Johnny para memorizar listas de teléfonos. Un invitado escogía al azar una página y una columna de su agenda telefónica. Johnny la leía unas cuantas veces y era capaz de contestar correctamente a cualquier pregunta sobre números, direcciones y teléfonos o recitarlos en el orden correcto.
Amigos, me marcho de vacaciones para volver el mes que viene, así que os dejo un artículo algo más largo de lo habitual. Ya os he hablado sobre John Burdon Sanderson (J.B.S.) Haldane, una vez para explicar un detalle en la que se ve que era un caballero y otra para explicaros que cuando le preguntaron qué opinaba sobre Dios, contestó que tenía una increíble afición por los escarabajos. En este último artículo también señalaba que otra frase de las suyas: Mi sospecha es que el mundo no sólo es más extraño de lo que suponemos, sino más extraño de lo que podemos suponer. Pues bien, sobre él hablaremos en nuestra historia de hoy.
El libro que os quiero comentar hoy trata de los premios Ig® Nobel. Cada año se entregan 10 de ellos a personas cuyas proezas “no se pueden o no se deben reproducir”. Hacen honor a personas que han hecho tonterías sorprendentes, unas admirables y otras, quizá, todo lo contrario. O bien provocan la risa o bien la incredulidad. (more…)
Una de los episodios más controvertidos de la Historia de la Ciencia es el de Galileo. Si os digo que la Iglesia le obligó a abjurar en su momento, no creo que os aporte mucha información y puede sorprender más o menos. Pero si con Galileo la tomó tan fuerte, tanto que incluso todavía hoy no han reconocido total y abiertamente que lo que hicieron estuvo mal, lo que no entiendo es por qué no dicen nada de Harlow Shapley y mucho menos de Edwin Powell Hubble. Y es que, si lo que dijo Galileo era tan terrible, lo que dijeron estos dos era para… vamos, como para poner el grito en el cielo. Pero veamos qué jugada nos hicieron Shapley y Hubble y así aprovecharé para hablaros de la estructura de la Vía Láctea y algo sobre la distribución de las galaxias en el Universo. (more…)
Vais a perdonarme ser desordenado a la hora de escribir sobre algunos protagonistas. Muchas veces, salto de un tema a otro o de una época a otra siendo muy poco estricto con la historia de los personajes a través del tiempo. No obstante, no es objetivo de este blog hacer biografías fidedignas, sino resaltar anécdotas siempre desde un punto de vista totalmente subjetivo y anecdótico para conocer más sobre el carácter de los científicos. Y como estamos en verano y es la moda, os cuento una de esas historias de la mal llamada “prensa del corazón” en la que aparece uno de esos saltos en el tiempo.
Ya sabéis que mis artículos suelen ir con retraso respecto la actualidad y hoy voy a seguir con esta costumbre. Hace poco, Antonio Burgos, columnista del diario ABC, escribía un artículo (el enlace no está disponible, pero gracias a la caché de google lo he podido encontrar y lo copio al final) criticando a Mónica López porque iba a sustituir a José Antonio Maldonado como Hombre del tiempo en TVE (vía meneame). No me parecen mal las críticas, siempre y cuando tengan fundamento, que en el artículo de este columnista brillan por su ausencia.
Hace años (demasiados), cuando estudiaba 7º de EGB, un profesor nos dijo que el libro que más éxito había tenido en la Historia Universal después de la Biblia y que había sido traducido a más idiomas, también después de la Biblia, era el Quijote, de nuestro venerado Miguel de Cervantes. Quizás me voy a equivocar (vosotros, que sabéis mucho más que yo, me lo diréis), pero creo que el segundo puesto lo ocupa un libro de matemáticas llamado Elementos y su autor no es otro que Euclides. Y sobre ello os hablaré en nuestra historia de hoy.
Vía meneame leo una noticia sobre un Congreso Nacional de Ecología en el marco de la Expo Zaragoza 2008. Uno espera que hablarán físicos, químicos, biólogos… pero si leemos el programa, vemos que la primera ponencia tiene por título: El hombre, espíritu corpóreo en el mundo… ¿Estamos hablando de ecología?