Una vez que El Niño Gusano se disuelve, desilusionado por las tretas de unas multinacionales que movieron ficha a favor de ellos cuando la moda lo pedía, sus componentes no se olvidan de que aún existen melodías por reinventar. Reinventar porque el incombustible Sergio Vinadé, músico, compositor, y ahora vocalista, no renunció a seguir haciendo lo que más le gustaba. Cuatro años separan el último álbum de El Niño Gusano del debut de Tachenko, en los cuales, ya sea por estar al frente de su bar, El Fantasma de los Ojos Azules, como por liderar movimentos culturales en Zaragoza, al actual líder de Tachenko nunca le faltó trabajo. Pero no renunció, suponemos, a lo que más le podía hacer feliz. Por ello, en compañía del escritor Sebastián Puente, comenzaban en esos años de impasse a poner los cimientos de algo que terminaría siendo un grupo. Otro niño gusano, Andrés Perruca, se uniría a ellos a la batería, para que después se sumasen Miguel Yrureta (Big City) al bajo y Ricardo Mochilo (Pulmón) a la guitarra y teclados.